TRINAR NACARADO
DE LA NOCHE




Cuando mi calendario
habla con sus afligidas paredes,
surcan mariposas en mis famélicos huesos,
se clonan las trenzas del sol
con mis horas oscuras,
en mis nerviosos tiempo y espacio.

Con la violeta silente,
en el trinar nacarado de la noche,
con mil redes y miradas de unas palmas
siembro en los bronces de verano
la etérea semilla de alabastro
con diademas de libélula
de mi cedro en flor.

Así naces de mis tejidos,
de líquenes y musgos
con acicalados símbolos
y pies de sinfonía errante,
donde vuela altiva tu colina
recostada en la prístina ruta,
por donde mi balanza va al abismo,
y tus párpados trémulos
brizan los sentidos
de mi angustia en tu vacío.

Cuando mi tacto de manantial
escucha la prisa de mi pluma,
con el vals de las olas,
tus capullos tejen las sonrisas,
y cortejan a la noche con delfines,
tus mejillas despeinan mis visiones,
sin secretos en la angustia de tu fuego.

¡Desnudo estoy en el mar
de tu sonriente lluvia!

Absorto en las hélices en conciertos,
en el estuario de tus voces,
donde está tu huella
de alondra ilesa de quimeras.

Mira cómo mis costas
se acurrucan en tus caracolas,
mis maizales aterrizan en tu celaje,
mientras tus linos alzan la voz de los árboles,
el acero se triza con las hojas de tu gesto,
mis mitos se inclinan en tus páginas,
por fin cosecho el granito de tu fresca brisa
y mis tórtolas corean sus lloviznas en la azotea.