DESPERTAR DE LAS MONTAÑAS


En el mundo, desde ayer hasta mañana,

los hombros de los asalariados
cargan las angustiosas mochilas
en busca del látigo para su espalda
a cambio de fragmentos de las calles.

Con pálido sudor ensangrentado
y las suelas boquiabiertas,
con las últimas innovaciones tecnológicas
mueven hacinados las cuatro paredes nefastas
y los dueños de los rojos vientos,
acumulan toneladas de lingotes.

El agujereado bolsillo del obrero
mortifica a las entrañas de las úlceras
y hacen bulla las oxidadas cacerolas,
los platos y las cucharas en desolación,
ante la ausencia de sal en agua flaca.

El tiempo renace en las cascadas
con sus raíces de pesadas cadenas,
levanta las alas de los sueños
y libera a las ciudades sumisas
con el enardecido despertar de las montañas.