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Tema: Oprah la soñadora

  1. #1
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    Oprah la soñadora

    Oprah estaba muy triste. Recordaba cuando siendo cachorra su madre la mantenía calentita por las noches en su regazo, cuando la lamía dándola cariño, cuando jugaba con ella sin perder la paciencia.
    Un día llegó un hombre, el señor Benito, y se la llevó a su casa junto a sus hermanos Tomy y Tym. La primera noche lloró mucho, tenía miedo y frío. Aullaba llamando a su madre. El nuevo dueño entró en mitad de la noche en pijama en la corrala donde los tenia dando gritos. La agarró de manera violenta del collar y la lanzó en un pequeño cuarto mal oliente y húmedo. La dejó encerrada a oscuras.Ella temblaba de miedo, y gimoteaba, pero no se atrevía a hacer ruido. Eso se repitió muchas veces.
    La casa tenía mucho terreno, y en uno de los lados, por un hueco del seto que rodeaba la valla, se podía ver un parque donde la gente llevaba a sus perros a pasear. Jugaban con ellos, les daban mil caricias y se sentían orgullosos de sus amigos perrunos. Ella los envidiaba. Se acercaba al señor Benito y a su mujer meneando la cola y haciendo cabriolas, pero lejos de conseguir una caricia la echaban a gritos. Se iba con el rabo entre las piernas a un rincón solitario y soñaba despierta en una vida como la de esos perros.
    Pasó el tiempo y fueron creciendo los tres. Un día los llevó lejos del pueblo y los ató a un árbol. Sacó una escopeta del coche y disparó al aire. Los tres se asustaron e intentaron huir inútilmente, volvió a disparar un par de veces más y volvieron al pueblo. Esto se repitió durante varios días. Tomy y Tom se fueron acostumbrando,pero a ella cada vez que sonaba la detonación le recorría un escalofrío por la espalda.
    A partir de entonces les traía pieles de conejos para jugar. A sus hermanos les encantaba, pero ella seguía prefiriendo zascandilear con las rápidas lagartijas y las revoloteadoras mariposas.
    Un domingo salieron al campo. Iban con un amigo de su dueño que llevaba tres galgos adultos. En cuanto les soltaron empezaron a rastrear. Tymy Tomy les imitaron, buscando el olor tan familiar de las pieles conque jugaban. En cambio Oprah se quedó maravillada con la belleza que tenía ante si, olores que nunca antes percibió, animales que danzaban a sus anchas, preciosas flores de mil colores, ni tan siquiera oyó los estampidos de las escopetas, ni las llamadas de su dueño. Estaba extasiada viendo a un par de saltamontes saltando a lapar cuando sintió una fuerte patada en el costado que la hizo darse un revolcón en el suelo y doblarse del dolor. Cuando se giró vio alseñor Benito y a su amigo mirándola con cara muy seria.


    -Ya ves para lo que te sirve, para buscar saltamontes. Más vale que la sacrifiques.


    Al domingo siguiente salieron otra vez. Oprah pasó toda la semana castigada en el pequeño cuarto. Iba decidida a que no la volviera a pasar. Saldría como los otros perros a perseguir a los conejos,aunque a ella no le gustara. Tenía que ganarse el afecto de sus dueños, eso que tanto necesitaba. En cuanto bajaron del coche se puso a imitar a sus hermanos y a los perros del amigo. No sabía muy bien que debía hacer, pero se puso a buscar como estos por todos los rincones. De repente delante suyo saltó una liebre. Sin pensar lo empezó la carrera más rápida de su vida. El pobre animal,espantado echó a correr haciendo unos quiebros increíbles. Pero Oprah no le perdía. Tan decidida estaba que su corazón latía como un tambor y todos sus sentidos estaban puestos en su rival. La liebre, viendo que no la perdía, se fue directa a la valla que cerraba el coto y pasó por un pequeño hueco. Oprah, sin reducir la velocidad, pegó un enorme salto pasando por arriba de la alambrada.Tan obcecada estaba que no vio el coche que venía por la carretera.Le pegó un terrible golpe que le dejó su mano izquierda destrozada.Quedó en el arcén, aullando, ladrando de dolor, retorciéndose. Al rato vio aparecer al señor Benito. Un halo de esperanza llenó su corazón, él la curaría. El señor Benito se agachó y miró su mano, luego a ella, se levantó y se fue. No podía creerlo, la había abandonado. Estaba herida por hacer lo que él quería y la deja tirada en el arcén. Su pecho se comprimió de tristeza y sus ganas de vivir desaparecieron. Permaneció tumbada durante horas, inerte,sin pensar, sin sentir el dolor, solo esa enorme tristeza que invadía su corazón. Llegó la noche y una fina lluvia acompañada de una fresca brisa lo cubrió todo. Ella ni tan siquiera sentía el frío.Con el primer rayo de sol algo cambió, un sentimiento de indignación llenó por completo su ánimo. No permitiría que ese malvado rompiera su sueño, quería una familia que la quisiera y lo conseguiría. Se levantó a pesar del tremendo dolor y de la debilidad y ando hasta el pueblo más cercano. Ya no perseguiría más liebres, ahora solo perseguiría un sueño.
    Habían pasado varios meses, su cojera la hacía lenta, pero no había dejado de ir de pueblo en pueblo buscando alguien que la quisiera,alimentándose en los cubos de basura, pasando frío, huyendo de desalmados que le lanzaban piedras y la espantaban. Ahora estaba triste, desanimada, tumbada entre los plantas que rodeaban a un parque infantil, parecía que su sueño nunca se cumpliría. Estaba tan cansada, que siendo ya de día se quedó dormida. Una sensación la despertó de golpe. Puedo ver los grandes ojos de un niño que la miraba con curiosidad a muy poca distancia. Estaba tan asustada que no huyó.


    -Hola.¿Quién eres tú?


    Extendió la mano para inclinar el collar donde le habían puesto el nombre con un rotulador.


    -Oprah. Hola Oprah, yo soy Miguel. Eres muy bonita. ¿Quieres ser mi amiga?.¿Tienes hambre? ¿Quieres un trozo de mi bocadillo?


    Se lanzó por el trozo de bocadillo que Miguel la dio, y por primera vez en mucho tiempo se dejó acariciar.


    -Ahora me tengo que ir, que me llama mi padre, pero si mañana estás aquí te traigo más comida.


    Al día siguiente Oprah estaba esperando en el mismo sitio, deseando que su amigo apareciese. Por la tarde, cuando salió del colegio, llegó Miguel.


    -¡Hola Oprah!. Te he traído un paquete de salchichas y pan de ayer que he escondido en la cartera esta mañana.


    Mientras se lo comía con satisfacción el niño estaba sentado a su lado acariciándola. Ella disfrutaba mucho y le devolvía el cariño a Miguel con lametazos que levantaba las risas de su amigo.
    Estuvieron así varios días, escondidos en su rincón, sin que nadie los viera,hasta que una tarde se abrieron los arbustos y apareció la cara de un hombre.


    -¿Pero Miguel que haces aquí con este perro?
    -Hola papá. Es mi amiga Oprah. Creo que esta solita. Desde hace días la estoy cuidando.


    Antonio se puso de cuclillas delante de ella. Oprah temblaba de miedo. Cuando estuvo a su altura una sonrisa invadió la cara del padre, que la acarició con la misma ternura que el hijo.


    -Pobrecita. Está muy delgada, y llena de heridas. Si parece abandonada. ¿Como no me has dicho nada?.
    -Por si te enfadabas. ¿Nos la podemos quedar?


    Antonio se quedó pensando un rato.


    -Sabes que tu madre no quiere perros en casa, ya hemos discutido por ello varias veces. Dice que lo rompen y lo ensucian todo.
    -Pero esta solita, ¿que va a ser de ella?. Tú siempre me dices que hay que tratar bien a los animales, y que te gustan mucho los perros pero cuando uno te necesita no le ayudas.


    Las palabras de su hijo le llegaron al corazón, y tuvo que darle la razón.


    -Está bien, voy a por una cuerda al coche y nos la llevamos, pero prepárate para la que nos espera cuando lleguemos a casa.


    La madre estaba esperándolos con una sonrisa en la escaleras del chalet adosado donde vivían, pero al verles aparecer con Oprah su cara cambió.


    -No,no te enfades ni digas nada. Estará aquí unos días mientras la curamos, la alimentamos y le buscamos a alguien que la adopte. Si te parece mal pártele tú el corazón a tu hijo.


    Ana miró a su hijo. Tenía los ojos suplicantes, apunto de llorar,mientras acariciaba a Oprah que mantenía la cabeza pegada al cuerpo de su amigo.


    -Esta bien, unos días, pero en casa no entra que lo estropean todo y se llena de pelos.


    Padre e hijo se miraron y esbozaron una sonrisa cómplice.
    Los siguientes días fueron los más felices de Oprah desde que era una cachorra. La llevaron al veterinario que la curó todas las heridas y le hizo una radiografía de la mano haber si se la podían curar. Antonio la sacaba todos los días por la mañana a dar un paseo y por la tarde, al llegar Miguel del colegio jugaban en el jardín de atrás. La madre no la decía nada, pero la veía sonreír a través de los cristales mientras lo hacían, así que Oprah no paraba de hacer cabriolas y tonterías para ganarle el corazón.
    Habían pasado dos semanas, y aunque Ana no dejaba de gruñir por el trabajo que daba la perra no parecía que le durase el enfado del primer día.Una tarde de sábado estaba Oprah descansando en el jardín. Le extrañaba que Miguel y Antonio no salieran a jugar con ella. Había pasado bastante tiempo desde que comieran. Se asomó a las ventanas del salón y vio que los tres estaban tumbados en los sofás con la televisión puesta. Ladró un par de veces y no se movieron. “Estarán durmiendo” pensó. Fue hasta la puerta de la cocina que también daba al jardín y por la rejilla salía un olor extraño. Su instinto le dijo que eso no era normal. Volvió a asomarse a la ventana del salón y ladró con fuerza mientras golpeaba los cristales. Ninguno se movió. No lo dudó, nada bueno podía estar pasando. Se apoyó en el picaporte de la cocina, le costó varios intentos, pero la puerta se abrió. El olor era muy fuerte. Entró por primera vez a la casa y golpeó repetidas veces con la cabeza a la familia sin que ninguno respondiese. Empezaba a marearse. Miguel estaba tumbado en uno de los sillones. Con los dientes le agarró el cuello del chándal y le sacó arrastrando hasta el jardín. Le lamió repetidas veces la cara, pero no conseguía nada, solo tosía. Intentó lo mismo con Ana y Antonio,pero eran muy pesados y las camisetas que llevaban se rompían entre sus dientes. Salió sin saber que hacer, desesperada y con ganas de vomitar. “Tengo que pedir ayuda a otro humano”. Sin pensarlo más veces se fue hacia la entrada. La puerta estaba cerrada y esa no sabía como abrirla, no tendría más remedio que saltar la valla.Era muy alta, y ella tenía mal la mano, pero la familia dependía de su decisión. Cogió carrerilla y pegó el mayor salto que nunca había realizado, llevada por sus fuerzas y por el amor. Consiguió pasar la valla, pero al caer sobre su mano mala notó como sus huesos se partían. Rabiaba de dolor hasta el punto que su vista se le nublaba, pero a pesar de ello, sobre sus tres patas corrió de un lado de la calle a otro ladrando sin parar y todo lo alto que pudo.Algunos vecinos salieron extrañados.


    -¿Que pasa?
    -No sé. Creo que los vecinos acogieron a esa perra hace poco, pero no se por qué esta así de nerviosa.
    -Vamos a acercarnos a ver que sucede.


    Al llegar a la puerta les llegó el fuerte olor a gas que se escapaba por la puerta de la cocina abierta. Sin perdida de tiempo entraron y encontraron a la familia sin conocimiento. Llamaron rápido a urgencias mientras abrían todas las ventanas y cortaban el gas.Llegaron médicos, ambulancias y policía. Todos con sus sirenas puestas. Oprah se quedó en un rincón, ya sin fuerzas, comida por el dolor, pero solo pendiente de lo que ocurría en la casa. Se acercó un auxiliar.


    -Hola amiga. Me han contado lo que has hecho.


    La observó la mano.


    -Se llevan a tus dueños al hospital, no te preocupes, están bien, pero nadie se a preocupado por ti. Soy amigo de un veterinario que tiene una clínica aquí cerca, te voy a llevar.


    Unas horas más tarde Ana se despertó en el hospital. Le cogía de la mano Antonio que llevaba una mascarilla de oxigeno puesta, igual que ella.


    -¿Que ha pasado? ¿Donde estamos?
    -En el hospital, la tubería del gas se rompió y casi nos asfixiamos.
    -¿Y Miguel?
    -Tranquila,esta bien.


    En ese momento entraba el médico.


    -Les ha salvado su perra. Abrió la puerta de la cocina que ayudo a que saliera parte del gas. Sacó al niño al jardín, a él le hubiera afectado mucho más el gas, y a ustedes lo intentó, pero se ve que no pudo y saltó la valla y alertó a los vecinos que nos llamaron.Si llegamos media hora más tarde no se que les hubiera pasado. Ahora estarán algunos días mal de los pulmones pero se recuperarán bien.
    -¿Y Oprah?, preguntó Antonio.
    -Un auxiliar se la llevó a una clínica veterinaria. Se partió la mano al saltar la valla para ayudarlos. La verdad es que fue un salto increíble.


    Al día siguiente les dieron el alta a los tres y lo primero que hicieron fue acercarse a la clínica veterinaria. Allí encontraron aOprah tendida en una camilla. La pobre tenía la mano vendada y en la otra pinchada una vía donde la inyectaban medicamentos. Por primera vez Ana se acercó y la acarició con cariño. El veterinario le explicó como estaba.


    -Esa mano ya la tenía mal. Algún accidente antiguo que nadie curó. No creo que su anterior dueño la quisiese mucho, no tiene chip y me imagino que ni tampoco vacunas. Le soldó muy mal los huesos y con el salto que dio se le partió por varios lados.
    -¿Que se puede hacer?, preguntó Antonio.
    -Habría que operarla varias veces, ponerla clavos y luego hacerla rehabilitación, pero es un proceso lento y caro.
    -Es nuestra perra, es de la familia, y no nos importa cuanto cueste curarla, prepare todo lo necesario, dijo Ana.


    Los tres se miraron y sonrieron, mientras Oprah, comprendiendo lo que pasaba movía el rabo contenta. Por fin se cumplía su sueño, tenía una familia que la quería. Todo el dolor y los malos momentos que había pasado merecieron la pena. Al fin era totalmente feliz.

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  2. #2
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    Un relato muy triste al principio, tanto que me hizo llorar de ver la gente tan inhumana con los animalitos. Pero como no hay mal que por bien no venga, después que el señor abandonó a la perrita, la encontró Miguel y con su padre la llevaron a casa y gracias a su valiente hazaña de salvarles la vida aún por encima de su patica partida, Ana comprendió que Oprah, era un miembro incondicional de la familia y estaría con ellos por encima de lo que fuese.
    Los perros son los seres más agradecidos que existen y a cambio de su amor incondicional, lo único que piden es un poco de cariño.
    Hermosísimo trabajo, poeta Javier Tomás, que me ha hecho llorar. Bello, bellísimo y merece mil aplausos de pie!!
    Un gusto pasar por tan excelentes letras. Un saludo cordial.
    Azalea.

  3. #3
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    Muchas gracias Azalea, me alegro mucho que te guste, para mí es una satisfacción muy grande.
    Te presento a Oprah

    Un beso
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  4. #4
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    Cita Iniciado por JAVIER TOMAS Ver mensaje
    Muchas gracias Azalea, me alegro mucho que te guste, para mí es una satisfacción muy grande.
    Te presento a Oprah

    Un beso
    Es preciosa!!Es tuya? o cómo la conoces? Un abrazo enorme, Javier Tomás y otro para Ophra.

  5. #5
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    No, no es mía. Yo tengo dos perros y colaboro con una protectora. Los domingos paseo a varios perros y me llevo algunos a casa a pasar el día conmigo. Esa es Oprah, una de ellas. Gracias a este cuento a encontrado una familia y es feliz. Y es verdad que se la encontraron tirada en un cuneta con una mano destrozada. Su dueño no quiso hacerse cargo de un perro tullido.
    Un beso

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