MarcosR
Miembro Conocido
En la vereda corren
los sabios parodistas,
hinchados de etiquetas,
gimnasios, oficinas
y comida vegana
templada a microondas.
Descienden del cemento
hasta el asfalto y huyen
en pos de un escenario transigente
de aplausos programados.
Y luego a la pantalla,
a cosechar caricias,
palmadas en la espalda,
sonrisas dibujadas
en rostros descartables
que vuelven a la nada.
Y enfrentar al espejo
otra vez, desafiante,
que incrédulo los mira
y otra vez los señala.
Tendido estoy
sobre la hierba seca,
trenzando un verso tierno
en la llovizna,
para salvar del tiempo
este arrebato,
esta mirada rota,
lacerada de tinta ya vencida.
Este mustio cantar, agonizante,
que no llega a rozar ningún oído.
La foto de otro día en cautiverio.
los sabios parodistas,
hinchados de etiquetas,
gimnasios, oficinas
y comida vegana
templada a microondas.
Descienden del cemento
hasta el asfalto y huyen
en pos de un escenario transigente
de aplausos programados.
Y luego a la pantalla,
a cosechar caricias,
palmadas en la espalda,
sonrisas dibujadas
en rostros descartables
que vuelven a la nada.
Y enfrentar al espejo
otra vez, desafiante,
que incrédulo los mira
y otra vez los señala.
Tendido estoy
sobre la hierba seca,
trenzando un verso tierno
en la llovizna,
para salvar del tiempo
este arrebato,
esta mirada rota,
lacerada de tinta ya vencida.
Este mustio cantar, agonizante,
que no llega a rozar ningún oído.
La foto de otro día en cautiverio.