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La arquera

Filan

Miembro Conocido


Durante incontables lunas, la joven arquera había tenido el mismo sueño revelador: una diana entre las brumas. Indefinida, poco nítida al comienzo pero justo en el momento en que sus contornos podían visualizarse, el sueño acababa.
Ella sabía que había un mensaje en ese sueño y que la vida se lo revelaría, tarde o temprano.
Antes de cada aurora, la arquera se adentraba en los bosques para escuchar el alma del universo. Selectos silencios que dibujaban paz entre las hojas. Su arco no era hostil a la naturaleza. Lo portaba siempre como símbolo de su esencia asignada por los dioses. Jamás lo usó hasta aquel día.

Había soñado como tantas veces sobre la diana y la bruma, pero esta vez vio claramente toda la figura. Y despertó decidida, guiada por su voz interna.
Preparó el arco con una única flecha y tras oír el Ángelus de la mañana, marchó al bosque esperando hallar esa diana púrpura sostenida en el aire, como en el sueño.
Cantó salmos y los pájaros siguieron la melodía. Se enfrentaría a un gran reto pero estaba dispuesta a descubrir aquel significado ulterior.
Mirando sin ver el reflejo tibio del amanecer entre los árboles, la distinguió claramente. El corazón comenzó a latir como un corcel galopando en la tierra de los miedos. De todos los miedos ancestrales, de todas las heridas profundas de amor que no cesaban de drenar. De todos los llantos callados y los desengaños que secan por dentro.
Sin dejar de mirar la diana con el ojo de la conciencia en todo su acontecer de vida, tensó la cuerda y lanzó sin titubear la flecha. Un sonido seco, una dirección tan veloz como la luz alcanzó la diana y la disolvió, naciendo en ese instante de dolor liberado, campanillas azules que acompañaron al sol.

No hubo un grito en ese disparo de la flecha sino liviandad del ser y avance.
Con un gesto níveo de respeto a la vida y gratitud a las señales, la arquera enterró bajo un pino el arco y la flecha. La sanación del corazón había comenzado.


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Adjuntos

Cisne

Moderadora del Foro Impresionismo y Expresionismo,
Ver el archivo adjunto 5846


Durante incontables lunas, la joven arquera había tenido el mismo sueño revelador: una diana entre las brumas. Indefinida, poco nítida al comienzo pero justo en el momento en que sus contornos podían visualizarse, el sueño acababa.
Ella sabía que había un mensaje en ese sueño y que la vida se lo revelaría, tarde o temprano.
Antes de cada aurora, la arquera se adentraba en los bosques para escuchar el alma del universo. Selectos silencios que dibujaban paz entre las hojas. Su arco no era hostil a la naturaleza. Lo portaba siempre como símbolo de su esencia asignada por los dioses. Jamás lo usó hasta aquel día.

Había soñado como tantas veces sobre la diana y la bruma, pero esta vez vio claramente toda la figura. Y despertó decidida, guiada por su voz interna.
Preparó el arco con una única flecha y tras oír el Ángelus de la mañana, marchó al bosque esperando hallar esa diana púrpura sostenida en el aire, como en el sueño.
Cantó salmos y los pájaros siguieron la melodía. Se enfrentaría a un gran reto pero estaba dispuesta a descubrir aquel significado ulterior.
Mirando sin ver el reflejo tibio del amanecer entre los árboles, la distinguió claramente. El corazón comenzó a latir como un corcel galopando en la tierra de los miedos. De todos los miedos ancestrales, de todas las heridas profundas de amor que no cesaban de drenar. De todos los llantos callados y los desengaños que secan por dentro.
Sin dejar de mirar la diana con el ojo de la conciencia en todo su acontecer de vida, tensó la cuerda y lanzó sin titubear la flecha. Un sonido seco, una dirección tan veloz como la luz alcanzó la diana y la disolvió, naciendo en ese instante de dolor liberado, campanillas azules que acompañaron al sol.

No hubo un grito en ese disparo de la flecha sino liviandad del ser y avance.
Con un gesto níveo de respeto a la vida y gratitud a las señales, la arquera enterró bajo un pino el arco y la flecha. La sanación del corazón había comenzado.


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Filan
Excelente relato el que nos compartes.
Creo que así como la arquera tenemos que disparar hacia aquello que nos hace daño para que de ahí surja algo bello y nuevo.Toda herida necesita limpiarse para sanar, todo miedo debe ser destruido para que surja algo bueno.
Felicitaciones y un abrazo con todo cariño
Ana
 

Filan

Miembro Conocido
Gracias, querida Ana, por estar en mis líneas siempre con tus bellos comentarios!
Así es: sanar es dejar atrás todo lo doloroso y comenzar de nuevo.
Besos.
 

SANDRA BLANCO

Administradora - JURADO

Durante incontables lunas, la joven arquera había tenido el mismo sueño revelador: una diana entre las brumas. Indefinida, poco nítida al comienzo pero justo en el momento en que sus contornos podían visualizarse, el sueño acababa.
Ella sabía que había un mensaje en ese sueño y que la vida se lo revelaría, tarde o temprano.
Antes de cada aurora, la arquera se adentraba en los bosques para escuchar el alma del universo. Selectos silencios que dibujaban paz entre las hojas. Su arco no era hostil a la naturaleza. Lo portaba siempre como símbolo de su esencia asignada por los dioses. Jamás lo usó hasta aquel día.

Había soñado como tantas veces sobre la diana y la bruma, pero esta vez vio claramente toda la figura. Y despertó decidida, guiada por su voz interna.
Preparó el arco con una única flecha y tras oír el Ángelus de la mañana, marchó al bosque esperando hallar esa diana púrpura sostenida en el aire, como en el sueño.
Cantó salmos y los pájaros siguieron la melodía. Se enfrentaría a un gran reto pero estaba dispuesta a descubrir aquel significado ulterior.
Mirando sin ver el reflejo tibio del amanecer entre los árboles, la distinguió claramente. El corazón comenzó a latir como un corcel galopando en la tierra de los miedos. De todos los miedos ancestrales, de todas las heridas profundas de amor que no cesaban de drenar. De todos los llantos callados y los desengaños que secan por dentro.
Sin dejar de mirar la diana con el ojo de la conciencia en todo su acontecer de vida, tensó la cuerda y lanzó sin titubear la flecha. Un sonido seco, una dirección tan veloz como la luz alcanzó la diana y la disolvió, naciendo en ese instante de dolor liberado, campanillas azules que acompañaron al sol.

No hubo un grito en ese disparo de la flecha sino liviandad del ser y avance.
Con un gesto níveo de respeto a la vida y gratitud a las señales, la arquera enterró bajo un pino el arco y la flecha. La sanación del corazón había comenzado.


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Una preciosa obra Carmela me encanto la valentía de la arquera para hacer el tiro tan certero que comenzó la sanación del corazón,como bien dice Ana a veces es indispensable dejar atrás lo que hace daño para poder seguir el camino sanado las heridas,muy bella obra con hermosas imágenes poéticas,un gusto leerte,gracias por compartir,un beso grande.
 

Duende

Miembro Conocido


Durante incontables lunas, la joven arquera había tenido el mismo sueño revelador: una diana entre las brumas. Indefinida, poco nítida al comienzo pero justo en el momento en que sus contornos podían visualizarse, el sueño acababa.
Ella sabía que había un mensaje en ese sueño y que la vida se lo revelaría, tarde o temprano.
Antes de cada aurora, la arquera se adentraba en los bosques para escuchar el alma del universo. Selectos silencios que dibujaban paz entre las hojas. Su arco no era hostil a la naturaleza. Lo portaba siempre como símbolo de su esencia asignada por los dioses. Jamás lo usó hasta aquel día.

Había soñado como tantas veces sobre la diana y la bruma, pero esta vez vio claramente toda la figura. Y despertó decidida, guiada por su voz interna.
Preparó el arco con una única flecha y tras oír el Ángelus de la mañana, marchó al bosque esperando hallar esa diana púrpura sostenida en el aire, como en el sueño.
Cantó salmos y los pájaros siguieron la melodía. Se enfrentaría a un gran reto pero estaba dispuesta a descubrir aquel significado ulterior.
Mirando sin ver el reflejo tibio del amanecer entre los árboles, la distinguió claramente. El corazón comenzó a latir como un corcel galopando en la tierra de los miedos. De todos los miedos ancestrales, de todas las heridas profundas de amor que no cesaban de drenar. De todos los llantos callados y los desengaños que secan por dentro.
Sin dejar de mirar la diana con el ojo de la conciencia en todo su acontecer de vida, tensó la cuerda y lanzó sin titubear la flecha. Un sonido seco, una dirección tan veloz como la luz alcanzó la diana y la disolvió, naciendo en ese instante de dolor liberado, campanillas azules que acompañaron al sol.

No hubo un grito en ese disparo de la flecha sino liviandad del ser y avance.
Con un gesto níveo de respeto a la vida y gratitud a las señales, la arquera enterró bajo un pino el arco y la flecha. La sanación del corazón había comenzado.


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tienes una pluma para las prisas de seda mi querida Filan!
Bello leerte siempre!
Mil besos¡
 

Filan

Miembro Conocido
Muchas gracias por tus bellas palabras, Sandra!
Visualizar las heridas del pasado y disolverlas con el amor a uno mismo es sanación del corazón. Mientras vivimos, lo vamos aprendiendo.
Besos.
 

Filan

Miembro Conocido
Muchas gracias, amigo y poeta César! Me alegra que esta pequeña prosa la hayas disfrutado.
Qué lindo es volver a reunirnos todos en esta hermosa Casa!
Besos.
 

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